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La primera discoteca de la historia

Aviso para navegantes: Este post es solo para gente curiosa. Hoy vamos a hablar sobre la primera discoteca de la historia y su origen. Sé que de primeras puede resultar poco atractivo, pero si no os dejáis llevar por las primeras impresiones, os aseguramos una lectura muy interesante.

Creo que, a día de hoy, no hay nadie que no sepa lo que es una discoteca, y de haberla, le recomendamos seriamente que se pase por alguna. Bueno, dejando a un lado las excepciones, todos tenemos en la cabeza un local más o menos grande, llena de gente con copa en mano, y con una dosis de reguetón más elevada de la que recomiendan las autoridades sanitarias.
Como os podréis imaginar, esto no ha sido siempre así.

Scotch Club, la primera Discoteca

La primera discoteca data de 1959, situada en la pequeña localidad de Aquisgrán, Alemania.
Dicen que la grandes noches son aquellas en las que te vas liando sobre la marcha, y esto fue algo parecido. El local, llamado Scotch Club, era un restaurante, donde tras la cena, y como era habitual en la época, se amenizaba la noche tanto a comensales, como a diversos individuos que se sumaban a la fiesta.

El Scotch Club, abría sus puertas como cada noche, pero, lo que nadie sabía, es que el 19 de octubre cambiaría la historia del ocio nocturno.

Esa noche, por accidente, se iba a producir el origen de uno de los negocios más potentes del mundo occidental. Esa noche, la banda que tocaba asiduamente en la sala, no pudo acudir (hoy en día se podría haber encontrado un sustituto rápidamente, pero claro, acordaros que estamos en 1959) por lo que el dueño optó por usar un tocadiscos con música grabada, con la buena intención de que sus clientes no se quedarán sin su rato de escuchar música despreocupándose de sus problemas del día a día.

En honor a la verdad, diremos que no funcionó mucho los primeros días, hasta que un tal Klaus Quirini, asumió el papel de maestro de ceremonias, actuando como un locutor actual de radio, a la vez que combinaba de forma rápida y aleatoria las canciones, animando así, al público del local.

Moraleja empresarial:

Los negocios evolucionan gracias al prueba-error. Si no te equivocas primero, no acertarás después, y para ‘meter la pata’, tienes que probar.

El motivo por el que no se volvió a la música en vivo fue por el económico, era mucho más barato y cubría la misma necesidad. Como os hemos comentado, tras la aparición del joven, el negocio empezó a carburar y el local cambió su nombre por el de Jockey Tanz Bar.
Finalmente, pese a que el local cerró en 1962, los soldados americanos que regresaban a casa tras la guerra, se llevaron como souvenir esta nueva idea de ocio nocturno. Poco a poco, e incentivado por un movimiento emprendedor que buscaba una mejor vida, negocios similares empezaron a proliferar por el gigante americano, especialmente en Nueva York. Probablemente el sucesor más importante fue Le Club, abierto por un inmigrante francés en la década de los 60 (se desconoce la fecha exacta).

Por si alguno se ha quedado con la duda, no sabemos los motivos que provocaron el cierre del Jockey Tanz Bar, pero, seguro que si hubieran podido contar con Discocil, otro gallo cantaría.

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